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jun
17
2008

Cronica dias 30 (continuacion) y 31 de mayo

Tras dejarnos la avioneta y emprender la marcha comenzamos verdaderamente la ascension al Mt McKinley. En esta primera etapa no se ha de salvar un desnivel excesivo, apenas 300 metros, pero la sola adaptación a la marcha con los pulkas, muy cargados con dos petates cada uno, y la larga distancia que separa el Campo Base del Campo 1 (2300 metros, aproximadamente) hacen que esta jornada “prologo” no sea un mero tramite. Yago y Manuel alcanzaron el campo 1 un poco antes que yo, que venía porteando en uno de mis petates toda la comida!, tremendo peso que inmediatamente concluimos habria que repartir de cara a siguientes jornadas. Ambos bajaron a echarme una mano con los ultimos metros y asi, tras 4 horas de duro camino y con la satisfacción de haber cumplido con el primero de los muchos porteos que nos habrian de esperar, inmediatamente comenzamos a montar el campamento, eran mas de las 0:00. Esta primera noche, cenamos dentro de la tienda algo rapido y sin calentar pues la hora y el intenso frio reinante fuera no aconsejaban nada diferente. Caimos dormidos al instante..

A la manana siguiente del Dia 31, despertamos con un cielo bastante nublado, desmontamos el campamento y reorganizamos los trineos y sus cargas para realizar la ascension hasta el Campo 2 (2700 metros, aproximadamente). En esta segunda jornada de porteo, decidimos encordarnos, sin embargo, cuando llevabamos una hora de camino Yago paso un mal momento y bajo bastante el ritmo. Ante este hecho, decidimos que Manuel se desencordara y se adelantara hasta el Campo para ir preparando nieve y buscando una localizacion para la tienda. Finalmente, a media tarde, Yago y yo, tras numerosas paradas, consguimos alcanzar el objetivo previsto y, ya los tres juntos, procedimos a montar el campamento.

Este Campo 2 es fundamentalmente de paso para casi todas las expediciones. Se encuentra a una altura demasiado baja como para utilizarlo de cara a aclimatar el cuerpo y al mismo tiempo demasiado lejos como para considerarlo como lugar en el que establecer depositos (Material enterrado al que volver en caso de necesidad futura). Por todo ello, la gente trata de permanecer aquí el minimo tiempo posible, y asi lo reflejaba el hecho de que cuando estuvimos alli solo encontramos 5 tiendas contadas. En este lugar coincidimos con una expedición italiana, y con la de la U.S. Air Force (que se encontraban en su cuarta cima dentro del proyecto 7 Summits) con quienes, a partir de aquí, mantendríamos una muy buena amistad a lo largo de toda nuestra estancia en la montana. Ellos eran pilotos destinados por medio mundo que se conocian, muchos de ellos por primera vez, en esta particular empresa. Conectamos realmente bien con ellos.

Una vez plenamente instalados nos detuvimos a contemplar el entorno, siempre frio e inhospito, que nos rodeaba. Frente a nosotros se interponia una pala con una pendiente muy considerable, que ya hacia vaticinar una jornada muy dura para el dia siguiente, en el que debiamos ascender hasta el Campo3.

Por el momento, estabamos bastante contentos observando que nuestro progreso se ajustaba a la planificación realizada y todo marchaba bien. Nada desdeñable, pues aun encontrandonos en las jornadas iniciales, estabamos en una de las montañas mas duras y exigentes del planeta, donde la escapatoria es prácticamente nula y cualquier pequeño problema puede transformarse en irreversible en cuestion de minutos. Ademas, las fuerzas estaban respondiendo bastante solo exceptuando a Yago quien habia sufrido un poco mas de lo esperado, aunque yo tenia plena confianza en que poco a poco iria yendo a mas.

Nos dormimos agotados.

THIS IS ALASKA II

Retomamos las cronicas de “This is Alaska” tras un breve parentesis, jusfificado porque hemos tenido un poco de lio por estas tierras. Nos quedamos en el viernes 13 recien llegados a Fairbanks y presentando una pequena sorpresa. Esta sorpresa consistio nada mas y nada menos que en una carrera popular de 5 km denominada Annual Mosquito Meander (en cristiano, la carrera anual del meandro Mosquito). Para participar en ella, Alex y yo nos levantamos a las 8:40, lo cual tiene merito teniendo en cuenta que nos acostamos casi a las 3:00 preparando la cronica del dia anterior. Al llegar al lugar de la prueba para apuntarnos, nos damos cuenta de dos cosas. La primera de ellas es que se trata de una reunion muy pachanguera en la que participaba una enorme cantidad de gente con muy diversas pretensiones, entre las que en su mayoria no estaba correr. La segunda, y mas dolorosa, es que se habian acabado las camisetas de ese ano y tuvimos que conformarnos con una del 2003 y otra de 1997, mal empezabamos. A las 10:00 se dio la salida con suerte desigual, Alex salio como una exhalacion para engancharse al grupo delantero, mientras que yo me vi envuelto en un barullo que dio con mis huesos en el suelo pero que no pudo detenerme. Al final, Alex termino con 18’30” y yo con 21’17”, no muy contentos pero si muy asfixiados.
Tras el importante evento deportivo, nos dirigimos al centro de visitantes de la ciudad para preguntar por el verdadero motivo que nos habia traido hasta estas latitudes, llegar hasta el circulo polar artico. En este lugar nos dan el mazazo. Según parece, circular por la carretera no pavimentada que lleva a este hito geografico es muy poco recomendable debido al peligro de pinchazos y de rotura de lunas (los camioneros que transitan la Dalton Highway no suelen ser muy permisivos con los forasteros).
A pesar de este golpe moral, nos decidimos a ir a ver la peligrosidad del camino con nuestros propios ojos, asi que vamos al hostel, retiramos la tienda (mientras hacemos esto, trabamos conversación con 3 japoneses que se alojan en el mismo hostel y que nos cuentan que van a realizar la Panamericana en bicicleta durante los proximos 2 anos. Impresionante, hay gente aun mas zumbada que Alex…), comemos una grasienta pizza americana y nos dirigimos al norte rumbo a Livengood, ultima población antes de la famosa Dalton Highway. Durante el trayecto, encontramos un cartel muy poco tranquilizador que nos advierte que en las siguientes 125 millas no existe ningun punto de repostaje. Con cierta congoja, y confiando en que el combustible que tenemos sea suficiente, circulamos atravesando colinas con bosques infinitos hasta llegar a Livengood, donde observamos que, tras haber recorrido 85 millas desde Fairbanks, realmente no merece la pena arriesgarse y adentrarse en la peligrosa ruta pedregosa de la Dalton Highway. Solo resta sacarnos una foto en el cartel indicativo de 414 millas hasta Deadhorse (población bañada por el Océano Glacial Artico). Este punto supone el lugar mas septentrional que ha alcanzado esta expedición, con coordenadas 65º04’42.1” N y 151º03’15.6” O.
Inmediatamente, nos damos media vuelta y nos encaminamos hasta Delta Junction, donde según dice la guia de Alaska existe un local en el que se sirve carne de bufalo. En el camino, a unas 10 millas al sureste de Fairbanks, pasamos por un pueblo “reseñable”. Se trata de North Pole, población que los americanos han decidido que se trata de la base de operaciones de Santa Claus, por lo que han decorado las farolas y las paradas de las guaguas a modo de piruletas gigantes…bastante ridiculo. Huimos de ahí raudos y veloces no solo por la vergüenza ajena que producia el sitio en cuestion, si no sobre todo porque este pueblo, al igual que la mayor parte del interior de Alaska, estaba infestado de mosquitos bastante molestos.
Continuamos trayecto, ya un poco hambrientos, pues con la tonteria se nos habian hecho mas de las 10 y ya eramos conscientes de la imposibilidad de encontrar ningun lugar abierto para poder comer. Buscando restaurante, nos ocurrieron un par de cosas curiosas. La primera fue que nos confundimos y, pensando que nos dirigiamos a un pueblo, casi nos metemos en una base de la US Air Force inmensa. La segunda, y potencialmente catastrofica, es que nos quedamos en la reserva y no encontrabamos ni una sola gasolinera en el camino (ni abierta ni cerrada). Tuvimos que dar la vuelta hasta una que recordabamos haber pasado 20 millas antes y que estaba cerrada asi que, cruzando los dedos para que funcionara el pago con tarjeta, nos dirigimos al lugar. Por suerte todo salio bien y continuamos camino.
Hablando del camino, hay que destacar que una vez pasada la base militar el paisaje cambia radicalmente haciendose realmente espectacular. La carretera se extiende a lo largo de un rio rodeado de bosques y con un macizo montanoso nevado (continuación del macizo del Denali) al sur. La vista es increíble y constancia de este hecho fueron las decenas de fotos que estuvimos tomando desde el coche de manera compulsiva.
Finalmente, a las 12 de la noche (de la noche veraniega de Alaska, es decir, completamente de dia) llegamos a Delta Junction, donde paramos en una gasolinera a hacer una comida tipicamente americana…bocadillo de maquina, papas fritas y coca colas.
Visto el lugar donde estabamos y las ganas que teniamos de alejarnos de Fairbanks a toda costa, tomamos una decisión radical, ibamos a conducir toda la noche hasta llegar a Valdez por la manana, pero esto ya se queda para otro post pues este ha quedado demasiado largo y tememos por la vista cansada del lector.
Por cierto, algo que no hemos comentado aun es que estas cronicas las estamos publicando desde Nueva York. Manana volvemos a Madrid, con bastante adelanto respecto a lo previsto…pero es que Alaska no daba para mucho mas…

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